jueves, 27 de septiembre de 2012

Crónicas Submarinas: Rafael Cauduro, el creador de mundos mágicos


Irrealidad intangible de un pintor mexicano... 

Al estar frente a algunas de las obras pictóricas que adornan la casa museo de Rafael Cauduro en Cuernavaca, es, en primera instancia, un impacto de estar adentrándose en un mundo imaginario dentro de lo intangible del mundo real.




Miguel Sánchez Vidal

Calaveras al lado de mujeres desnudas pintadas sobre materiales que se salen de lo usual; pedazos de bardas salitrosas, derruidas por el tiempo y la voluntad del hombre, o puertas metálicas desvencijadas que integran, figura humana y  herrumbre, visiones eróticas que llenan el alma de júbilo y celebración secreta.
Pero es quizá la personalidad de este pintor mexicano, avecindado en la Ciudad de la Eterna Primavera, lo que impacta más; lejos del egocentrismo o petulancia que una carrera exitosa como la suya podría presuponer, Cauduro es una persona amable, sencilla, suave en su trato y sobretodo, abierto a platicar sobre su trayectoria y vida.
“Rafael, puedes decirme Rafael”, contesta cuando le pregunto cómo dirigirme a él, si como pintor o como arquitecto.
La arquitectura nunca la ejercí, señala al iniciar la entrevista realizada en el jardín de su casa, “la expresión plástica es la parte más importante de mi vida, la arquitectura no la ejercí ni cuando  era estudiante, porque en esa época ya hacía yo caricaturas e ilustraciones para publicidad, por eso nunca me dediqué ni gané un solo centavo en lo que es mi carrera”.
Pero la vida da muchas vueltas, y Rafael Cauduro retoma lo aprendido en la facultad de arquitectura, cuando años después, ya con la fama de su carrera como creador plástico muy en alto, lo contratan para crear la escenografía para un ballet en los Estados Unidos y luego para una ópera de Enrique Strauss en México “estos fueron los únicos trabajos que he realizado en cuanto al diseño”.
“Mi papá era constructor y mis hermanos fueron arquitectos, yo creo que por ahí viene el que utilice mucho los materiales como bardas, pedazos de paredes o puertas metálicas, ya que iba con ellos a muchas construcciones, en verdad admiro mucho el diseño arquitectónico y el industrial”.
Pero reconoce que “en la arquitectura actual, hay una explosión de creatividad, debido a que de alguna manera hay mucho dinero para pagar los diseños, ahora vemos que se construyen edificios carísimos y bellos, en el año que estudié arquitectura eran aberrantes, ya que era una época funcionalista que a mi me chocaba”, afirma el pintor.
Una de las pasiones secretas de Cauduro, según revela en la plática, es el ballet, “cuando comencé a pintar profesionalmente, mi pasión, era el ballet, la danza en general, además mi mamá fue cantante de ópera, entonces cuando me hablan para hacer las escenografías, para mi fue un reto maravilloso, porque me adentraba en ese mundo que me apasionaba”.


“evidentemente lo humano está, pero lo humano reflejado en los objetos, porque no es lo mismo una rama que un bastón, a mi lo que me interesa es plasmar los vestigios de lo que hace el ser humano, maquinas, casas, paredes, puertas, sillas”. Rafael Cauduro
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Cauduro comenta que su madre lo tuvo a los 40 años, “por eso no la oí cantar en escena y viví ese mundo por medio de anécdotas y comentarios, por eso me daba mucha ilusión vivirlo, y cuando hice la escenografía en EU, tuve la oportunidad de estar en los ensayos, ver como se le iba dando forma plástica y coreográfica a la obra”.
En el caso de la ópera Salomé, Cauduro narra que la experiencia fue como estar en una “jungla de egos, ya que fue un pleito con el director de escena, tuvimos muchos problemas, ya que todos los que intervienen son especialistas, muy profesionales, con talento y todos con un ego impresionante: toda ópera es como un milagro, eso es la ópera, porque cada que se abre el telón es un milagro que todo funcione a la perfección”.

-Y cuando Rafael Cauduro se enfrenta a un proyecto creativo,  ¿enfrenta también estos conflictos del ego, de no ponerse de acuerdo en ocasiones con las intenciones creativas?
“Sí claro, sobretodo en los proyectos grandes como son los murales, ya que tienes que trabajar con equipos grandes, aunque en lo cotidiano tengo un equipo de 4 elementos, pero cada quien ya sabe lo que tiene que hacer”.
Dentro de su trabajo plástico, el pintor señala que estos los hace en forma de series, “y eso te va llevando a ciertos parajes que los vas imaginando, y si la obra es muy buena, te abre una serie de posibilidades, entonces te preguntas cómo le puedes hacer para sacarle mayor ventaja y te salen muchas ideas que te permiten crear 5 o más cuadros”,
El proceso creativo lo lleva por la experimentación y búsqueda de ideas basadas en su visión e imaginación, que para Rafael Cauduro, son esenciales en sus obras, llenas de vitalidad, de mundos oníricas y una irrealidad intangible en imágenes que parecen reales pero que no lo son.
Hay épocas de sequía, reconoce Cauduro, “pero es cuando tomas algunos de los cuadros que dejaste en el camino, como girones de lo que creaste, y entonces surge la posibilidad de rehacerlos, o continuarlos donde los dejaste”.


Del hiperrealismo a lo imaginario

Cauduro no acepta que su obra sea catalogada como hiperrealista como algunos expertos del arte lo han escrito o afirmado, “es una simpleza, yo nunca lo he aceptado, porque han dicho que los hago como Claudio Bravo, pero no es así, porque los materiales son diferentes”.
El artista se detiene un poco, piensa su respuesta y continúa, “nunca he visto el manejo de este tipo de material, ni ese tipo de combinaciones ni siquiera como se combinan en la realidad, donde hay cosas muy de las proporciones ópticas y creativas”.
A Cauduro le encanta jugar con los materiales, como se integra con sus imágenes y la visión de su mundo propio, “me encanta como juega la materia con  los elementos, pero nunca he entendido porque tildan de hiperrealismo mi obra”.
Aunque acepta que la figura humana está siempre presente en sus cuadros,  Rafel Cauduro va más allá, al indicar que “evidentemente lo humano está, pero lo humano reflejado en los objetos, porque no es lo mismo una rama que un bastón, a mi lo que me interesa es plasmar los vestigios de lo que hace el ser humano, maquinas, casas, paredes, puertas, sillas”.
Una parte que nunca abandona en sus obras, es el concepto del deterioro, “pero evidentemente el deterioro no existe en la naturaleza, sino cumple ciclos, a menos que intervenga el ser humano, porque nosotros si provocamos ese deterioro”.
En la naturaleza, continúa, tampoco “existe el concepto de basura o desperdicio, en cambio nosotros si lo manejamos, me gusta más pensar en ese deterioro de los objetos y ver como vamos dejando huellas que al final se van borrando hasta desaparecer”.
Entonces, afirma, “mis personajes son al final como huellas, pienso en ellos como una pintura que se deteriora, como la pintura que se deteriora también desde que la pusieron en una pared, igual que el yeso, el cemento o el ladrillo que está detrás, y de pronto aparece un cártel detrás con la imagen de una mujer, pero que no es real”.
A veces “es como ir entendiendo ese mundo que se nos impone, en tanto un concepto humano, como un juego que vemos en la televisión, o la computadora, donde interactuamos con ellos y estamos tan inmersos que lo vemos como algo normal, es un lenguaje que se nos ha impuesto y que son muy extraños, como el Facebook o twiter o los programas computacionales, es un mundo muy raro que intentamos comprender”.
La tarde cae sobre el jardín de la casa del pintor Rafael Cauduro, mientras a un lado se encuentra echado su viejo perro labrador, se levanta del sillón y nos da una última visita guiada a su casa, su museo, y comenta “una vez vinieron unos trabajadores y cuando vieron todos los cuadros y la casa, dijeron ¿quién vive aquí? Y respondieron, Drácula”.
Las carcajadas reflejan el espíritu de este artista plástico, quien nos permite entrar a su taller, templo creativo que demuestra su entrega y profesionalismo, luego, sonriente, nos despide finalmente a las puertas de su casa.



Rafael Cauduro:

1950 nace en la Ciudad de México
1976 realiza su primer exposición individual
1984 se presenta por primera vez en el Museo del Palacio de Bellas Artes
1986 Dentro del Marco de la Expo Mundial Vancouver realiza el controvertido mural Comunicaciones

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