martes, 4 de septiembre de 2012


“Por ti, por mí, por todos… no más muertes”

Miguel Sánchez Vidal


Una tarde de contrastes, disímbola. A la marcha convocada por la Asamblea de Usuarios de Energía Eléctrica del Estado de Morelos y el SME, para protestar por las altas tarifas de la CFE, se unieron un grupo de ciudadanos, para protestar en contra de la violencia.
La marcha dio inició en la iglesia del Calvario, de donde salieron por delante los convocantes en contra de la CFE, atrás, casi en silencio, los ciudadanos indignados contra la violencia. Adelante, los del SME, con sus pancartas y mantas bien impresas, con sus banderas rojas y sus consignas bien ensayadas.
Atrás, el pequeño contingente, en su mayoría de jóvenes, en el cual las pancartas fueron improvisadas y las consignas también… “No más sangre”, “Basta de impunidad y violencia”, “Si el estado no garantiza la seguridad de los ciudadanos que renuncien… organicemos la caída de los ineptos”.
Mientras el contingente pasaba por enfrente del edificio del Congreso estatal, los uniformados de la patrulla 2190 de la policía metropolitana, apuntaban nombres atropelladamente en una libreta, “Hugo qué”, preguntaba un policía a su comandante… “pérame, ahorita te digo…” y le daba otro nombre.
Al entrar al zócalo, los contrastes se hicieron más evidentes, el SME tenía el sonido listo para su mitin, con la base del asta bandera como improvisado templete, iniciaron su asamblea de protesta contra las políticas neoliberales, las altas tarifas de luz y el robo de CFE a los mexicanos.
Del otro lado la ofrenda instalada el día anterior era visitada por algunas personas que curiosas primero e indignadas después, leían los cárteles que hacían poética alusión a la tragedia de los jóvenes arteramente asesinados el pasado fin de semana.
Poco a poco, algunos ciudadanos de la marcha, se acercaron, acomodaron las velas y cárteles, sacaron de sus bolsos más velas y veladoras, y las encendieron. Poco a poco también, más personas comenzaron a llegar al zócalo, con flores y velas, con cárteles y su indignación y dolor en la mirada.
Entonces el grupo de ciudadanos contra la violencia se volvió numeroso, más cárteles con consignas y protestas fueron pegados en las paredes, en las rejas, en el piso: “¿Y sí los muertos se apellidaran Calderón y Adame?”, decía uno, otro señalaba “Marco Adame, MM Garrigos, el costo que los ciudadanos estamos pagando es muy alto. Basta de Ineptitud”.
Pero había uno que contrastaba fuertemente con los otros, escrito en una cartulina color rosa fosforescente lacónico decía: “Dr. Adame RENUNCIE ¡no lo extrañaremos! Amamos la Vida”. Otro más decía, “La calle no debe ser campo de guerra. Mi casa no debe ser prisión”.
Enfrente, del otro lado, el mitin continuaba con orador tras orador. A la llegada de Rocatto, el contingente de ciudadanos se organizó de improviso, rápidamente, espontáneamente, para formar un círculo humano tomados de las manos, mujeres, hombres, niños, adultos mayores, jóvenes con melena larga y piercing, señoras llorosas, artistas consternados, se unieron en una sola voz: No más sangre ni violencia.
“Por ti, por mí, por todos, no más muertes”, cantaban e invocaban, a la vida, al amor y la paz, arropaban y hacian suyas las lágrimas de dolor e impotencia de una chica que decía… “ellos eran mis amigos y no quiero tener miedo, queremos poder salir y divertirnos, queremos vivir, queremos que haya paz, queremos que haya justicia”…
Luego la gente se reunió al centro y formó una asamblea ciudadana que tomó las decisiones de dejar de forma permanente la ofrenda en honor a Juan Francisco Sicilia y los jóvenes asesinados hasta que se haga justicia.
Y finalmente convocaron a la ciudadanía a marchar este miércoles 30 de marzo, a partir de las 6 de la tarde, por las calles de la ciudad para protestar contra la violencia y pedir justicia… una marcha sólo de ellos, de esta ciudadanía que no quiere ceder  ante la violencia y el miedo, que espontáneamente se organiza y camina, canta, llora y pide, exige justicia.

(Crónica publicada en 2011, en el Diario de Morelos)

“Tanto amor y no poder nada contra la muerte…”

Miguel Sánchez Vidal

El zócalo de Cuernavaca huele en esta tarde a incienso y copal. Los tambores de los concheros resuenan en la tarde fresca, mientras el humo de sus ofrendas se eleva junto con las pompas de jabón que unos niños lanzan al aire.


Las voces de los ciudadanos reunidos en el maratón poético como ofrenda a Juan Sicilia y los chicos asesinados el pasado fin de semana, es apagada por las danzas, los ritmos y el sonido del caracol y los tambores de los concheros.
La gente se arremolina para ver las danzas, del otro lado, frente a la ofrenda de velas y flores, otro grupo comienza a incrementarse para esperar el inicio de la marcha por la paz y contra la violencia convocada para esta tarde.
Un compa concilia con los concheros para que dejen iniciar la marcha… “Compitas, la marcha es para protestar contra la guerra, contra la violencia, nada más dejen que salga la marcha y continúan con sus danzas hermanos”.
Los concheros aceptan, “claro que si compañero, nada más que nosotros no estamos contra la guerra ni a violencia, sino que estamos a favor de la paz, del amor, de la vida, nuestras danzas significan eso, una manifestación a la vida”.
Momentos después, la gente se forma en filas de 4 y encienden sus velas para iniciar la marcha y los concheros entonces se hacen una valla y con sus copas humeantes por el copal, con sus conchas en mano y el sonido de los caracoles, sahumean al contingente a su salida hacia las calles.
El contingente inicia su recorrido por Rayón, las consignas se inician una tras otra… “No más sangre, No más sangre”, es el coro que empieza a retumbar por las calles del centro de una Cuernavaca sorprendida.
“No a esta guerra en nuestro nombre”, dicen, gritan, comparten… “Ni un hijo muerto más”, continúa la gente exaltando un sentir general, el del hartazgo de una sociedad dolida… y esta marcha entonces comienza a tomar sentimiento.
La marcha del sentimiento, así se le puede nombrar, sentimiento de dolor, sentimiento de coraje, de indignación por la sangre derramada, por los hijos del compañero, del amigo y repiten al unísono “Juan Sicilia, esta es tu familia” o bien, “Todos somos Sicilia, todos somos Sicilia”.
Las voces retumban entonces en las viejas paredes del Jardín Borda, el eco se vuelve gigante… “Adame renuncia, tienes las manos sucias” y la obscuridad  de la Avenida Rayón huye al paso del contingente que va iluminando con sus velas en cientos de manos, todo a su paso.
“Más poesía, menos policía”, se grita enfrente de cada recinto cultural al paso, se invita al pueblo que se una, a la juventud que incrédulos nada más observan, se ríen y cuchichean entre ellos sin aceptar la invitación de un contingente que no para de expresarse a cada paso que dan.
Recorren Natzahualcoyotl, Avenida Morelos, llegan frente a Catedral y piden al obispo que se pronuncie, igual lo hicieron con Martha Ketchup y con la UAEM frente al CCU. Aquí, frente a Catedral, los cafés interrumpen su jolgorio y los comensales voltean con ojos azorados a ver el contngente pasar.
En cada esquina se paran, gritan, expresan sus sentimientos y crean un coro con fuerza que enchina la piel de los ciudadanos… al frente, una manta expresa las palabras de César Vallejo, “Tanto amor y no poder nada contra la muerte”.
El contingente termina su recorrido, llega al mismo punto de donde salió. El zócalo todavía huele a copal, a incienso, el sonido del caracol de los concheros se despide de la noche estrellada mientras las velas, una por una, son depositadas finalmente en la ofrenda floral que se ilumina mucho más.
(Esta crónica fue publicada en el Diario de Morelos en los días posteriores al asesinato de 7 personas en el estado de Morelos, entre los cuales se encontraba Juan Francisco Sicilia, en el año 2011).

lunes, 26 de septiembre de 2011

El Duende... cuento por entregas en Facebook


Este cuento se publicó, en varios posteos,  en el Muro de Diana Juarod en Facebook el 26 de septiembre de 2011.

Por Carlos Coronel Solìs 

Un duende quería llegar a una ciudad porque le habían dicho que todo allí era fantástico, que había máquinas que se movían impulsadas por menjurjes espesos, que las doncellas bonitas tomaban pócimas para conservarse siempre bellas, que los hombres decrépitos tomaban elixires para poder estar con esas doncellas...
En fin que el duende agarró camino hacia allá, pero como no tenía dinero para el pasaje, convirtió una hoja de chaya en una alfombra voladora como la de Aladino; durante el viaje había mucho sol porque la capa de ozono estaba siendo comida por las orugas que despedían los vehículos de sus escapes que eran de color ceniciento, así que tomó una gota de agua que había de una nube que pasaba por ahí y convirtió esa gotita en un parasol hepático diciendo, claro, unas cuantas palabras mágicas que por la velocidad de la alfombra nada más él oyó (el que te lo cuenta no pudo entenderlas), el duende se imaginaba todo aquello que no había visto y le parecía “superhipermegaarchirecontra” fantástico...
Así iba el duende, sobre una hoja de chaya reverde, como alfombra voladora o vehículo todo terreno, pensando en lo que adelante le esperaba y protegiéndose del sol a plomo con una gotita de agua, robada a una nube, transformada en parasol...
El duende estaba confuso porque en el viaje se le había caído la maldita dirección de la ciudad, ni siquiera podía recordar el nombre... diablos -los duendes invocan siempre al diablo como los seres humanos invocan siempre a Dios, y lo hacen como ellos, cuando tienen un problema-...
No sabía qué hacer y descendió de su hoja de chaya voladora y preguntó al primer animal que pasaba, que por cierto no era un animal cualquiera, era uno que caminaba en dos patas y no cantaba hermosamente como el colibrí, sino que emitía sonidos muy guturales, parecidos a su primo el mono, sólo que más diversos...
El duende se acercó a un viejo que parecía poner un espantapajaros en la milpa, y le preguntó si conocía el lugar “archirecontramaravilloso” donde las máquinas andaban solas, las mujeres nunca envejecían y los viejos se acostaban con ellas; luego de quitarse el sombrero, también viejo, y rascarse las manos pensativo, el viejo extendió su brazo muy vagamente, señalando hacía cualquier punto..
¿Conoce ese lugar? Al duende se le achicaron los ojos porque contrario a los humanos que cuando preguntan parecen salírseles los ojos, a ellos se les achican, como si estuvieran midiéndolo a uno (en el mundo de estos seres es siempre así, todo al revés)...
Sí, dijo el viejo impaciente, es allá, y de nuevo el brazo que parecía una rama seca se extendió hacia la nada o hacía cualquier punto. Bueno, el duende cansado de tanta vaguedad emprendió de nuevo el vuelo en su alfombra voladora, en busca de esa ciudad de mujeres eternas, viejos pederastas y coches que nunca paran.
(está claro que el viejo campesino era choco tabasqueño, porque cuando responden preguntas de ubicación, la vaguedad es norma; que el duende pasó por aquí, también es claro...)

domingo, 16 de enero de 2011

“Los siglos pasan, pero el barro resiste”

Gustavo Pérez es reconocido mundialmente. Desde 1991 es miembro de la Academia Internacional de la Cerámica. Algunas de sus piezas forman parte del acervo de museos de gran importancia, como el Carrillo Gil.






Juan Hernández | El Universal

Dice el curador Alfredo Núñez que el escritor Sergio Pitol afirmó que el ceramista Gustavo Pérez (México, D.F., 1950) “ha trabajado con la tierra dándole voz”. Una voz fuerte y contundente, que se expresa en piezas sobrias y elegantes que se pueden ver en la exposición que el artista presenta en la Bolsa Mexicana de Valores.
Inaugurada la noche del viernes, la muestra ofrece al espectador una perspectiva abarcadora del trabajo del artista, quien desde hace cuatro décadas se dedica a decantar el barro para obtener piezas que permiten el disfrute de la experiencia estética.
“La persistencia en su oficio lo ha convertido en un maestro que domina las texturas y continúa experimentando con las formas. Cada pieza es un cuerpo que contiene la libertad de un instante y traduce milenios de tradición alfarera”, asegura Núñez sobre el quehacer de Pérez.
Gustavo Pérez es reconocido mundialmente. Desde 1991 es miembro de la Academia Internacional de la Cerámica. Algunas de sus piezas forman parte del acervo de museos de gran importancia, como el Carrillo Gil, el de Arte Moderno de la Ciudad de México, el de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el de Arte de Querétaro, el de Arte de la Prefectura de Saga, Japón, el de la Fundación del Shigaraki Ceramic Cultural Park de Japón, Los ángeles County Museum of Art y el Ichon World Ceramic Center de Korea.
¿Cómo ocurre el encuentro del artista con la obra?-, le preguntamos a Gustavo Pérez.
En la práctica del oficio. En el trabajo mismo. Las técnicas de la cerámica son muy exigentes, amplias, difíciles de comprender y dominar; pareciera que son el medio para concretar las ideas que uno tiene en la mente, pero no es así, las ideas las encuentra uno en el trabajo, en el intento por comprender los aspectos técnicos, así es como se llegan a percibir las posibilidades del oficio.
Se trata de un oficio milenario.
Hay miles de años de historia. No hay arte más viejo que la cerámica. Si se encuentran vestigios de cualquier cultura, lo que hay es piedra y cerámica. El fierro se oxidó y desapareció, y no digamos la madera, las telas, todo eso el tiempo no lo respetó. ¿Qué quedó? Tepalcates. Aunque esté roto, el barro no se destruye. A veces hay piezas bien preservadas que tienen miles de años. Eso ha dependido, sin duda, del valor que se les haya atribuido a las piezas. Hasta qué punto fueron atesoradas, hasta qué punto alguien decidió: “Que esto no se rompa”. La cerámica es de una enorme fragilidad porque se puede romper en un instante o puede ser eterna. Los siglos pasan, el calor y la humedad no le hacen nada. Resiste.
¿Encontramos un poder simbólico en la cerámica?
Sin duda. La cerámica ha servido tanto para lo utilitario como para lo simbólico. Ambas han sido vertientes que se han desarrollado en barro.
¿En cuál de estas vertientes has trabajado?
En su origen en lo utilitario, pero en el desarrollo del trabajo en las posibilidades estéticas, plásticas, sin estar especialmente atento a la simbología. La simbología, lo que puede decir una forma, es una consecuencia del proceso creativo. Por eso a mí me interesa más el sentido plástico, el estético, el formal, que tratar de decir algo. Yo no quiero decir nada. El barro dice demasiadas cosas de todas maneras.
¿Hay algo en la producción de una pieza artística que escapa por completo a la voluntad del artista?
Supongo que sí y que nos pasa a todos. Esta mañana fui a ver la exposición de (José Clemente) Orozco en San Ildefonso, extraordinaria. ¿Qué quiso decir Orozco? Quién sabe. Ahí hay algo muy potente, pero no hace falta intentar desentrañar lo que él quiso decir al representar esta vida popular, con tanta violencia y enojo. Orozco estaba indignado con el mundo, con muy buenas razones, ya vemos hasta dónde va llegando el mundo. Pero lo que consigue decir con colores y formas no es un discurso demagógico, es una emoción, y es algo que en algunos momentos probablemente escapó de su control. Nosotros percibimos cosas que parece que él quiso decir, pero seguramente él no pensó decir eso. Y yo creo que a todos los artistas nos ocurre así.
¿El poder simbólico depende, entonces, de la interpretación de quien ve la obra de arte?
¡Claro! Es la interpretación la que hace esto, la que define la emoción. Nosotros no podemos decir que captamos lo que Chopin sintió al componer una de sus obras musicales. Es nuestra emoción la que está ahí, no la de él. Él hizo su música, era su juego, pero lo que percibimos nosotros es otra cosa.
Por eso el arte trasciende el tiempo y al artista.
Desde luego. Si el arte se limita a su tiempo no va a ir muy lejos. El arte que trasciende es el que cuestiona profundamente, el que incomoda, el que provoca en algún sentido.
¿Cuánto te ves reflejado en tus obras?
Es mi trabajo, hay un involucramiento muy fuerte que dura todo el tiempo hasta que la pieza sale del horno y ya se puede ir. El lazo que tengo se desvanece entonces y casi desaparece, ya no me interesa como me interesó en el proceso de la creación. Mientras estuvo en proceso me planteó un gran problema, me exigió definiciones, soluciones, no me podía desprender de eso. Pero cuando la obra sale del horno ya no hay nada más que hacer, se puede ir. Es como echarla al mundo.
¿Cuáles son las fuentes de las que te alimentas?
De la literatura, de la música, de la pintura, de la danza. También de cerámica, pero no en primer lugar.
Estudiaste matemáticas, ingeniería y filosofía, ¿qué te dejaron esos estudios?
Nada más una barnizadita de conocimientos, pero no hay una aplicación de matemáticas en mi trabajo. Hay geometría, sí, pero en el arte hay geometría en general. Estudié esas disciplinas porque no sabía que lo que quería hacer era cerámica.
¿Y cuándo lo supiste?
Tenía 21 años, estaba estudiando filosofía.
¿Cómo sabías que la cerámica era lo tuyo?
Se me impuso. La encontré en un taller y sentí algo que no había sentido antes. He tenido muchas curiosidades e intereses, pero nunca tuve esa certeza que cuarenta años de persistencia comprueban que era justa.
¿Cómo es tu relación con la tierra que a través de ti toma formas distintas?
A la tierra… la acaricio.
La exposición Gustavo Pérez. Cermista, permanecerá abierta al público durante enero y febrero, en la sede de la Bolsa Mexicana de Valores (Paseo de la Reforma 255, col. Cuauhtémoc), de 9 a 18:30 horas. Acceso libre.



Rescata libro 40 seres olvidados, que son más mexicanos que Frida Kahlo


Expone la vida y tragedias de El Jamaicón Villegas, El Chalequero,Lupe Vélez y María Sabina, entre otros. 
Las narraciones van acompañadas del trabajo de destacados ilustradores.


Ana Mónica Rodríguez
La Jornada

Cerca de 40 personajes que han sido olvidados o borrados de la historia nacional protagonizan el libro Un mexicano en cada hijo te dio, que como cómics presentan al lector atisbos humorísticos de sus vidas y tragedias.
El libro de FG Haghenbeck, editado por Santillana, es una aportación lúdica al aprendizaje y al conocimiento de héroes, villanos, deportistas, artistas, leyendas y estrellas fugaces, que han tenido en sus manos la posibilidad de influir, para bien o para mal, en la vida y cultura del país, pero que han sido borrados de la memoria colectiva, explicó el autor.
La serie de 40 narraciones acompañadas por igual número de ilustradores se inicia con la historia de Isabel Moctezuma, hija del emperador caído durante la conquista española. Los textos que sirvieron de base para la creación de estas viñetas fueron escritos por Haghenbeck tras una investigación que le tomó varios años.
Así, el novelista planteó otra forma de contar la historia y mostrar a aquellos personajes olvidados mediante el arte y el humor. El gran secreto de esta novela gráfica es la maravillosa calidad de los ilustradores, puntualizó Haghenbeck.
“Durante años seleccioné a aquellas personas que fueron relegadas o consideradas segundonas en la historia, que no habían sido reconocidos en su ámbito; pero, la gran sorpresa que me llevé durante la investigación, fue que personajes como El Jamaicón Villegas o la arqueóloga Eulalia Guzmán poseen más características del mexicano que Frida Kahlo o las esculturas del gran libertador Morelos, ésas donde aparece machete en mano.”
El novelista devela de manera cronológica que Isabel Moctezuma fue amante de Hernán Cortés, así como la vida de Teresa Urrea, conocida como la Santa de Cábora, o cómo se convirtió Jesús Malverde en santo de los narcos.
También se narra la forma en que se acuñó el término abogángster, qué luchador fue más famoso que El Santo; se aborda la historia de El héroe Nacozari, o si en verdad existió El Chalequero, el destripador de Peralvillo en la época porfirista.
Otras narraciones gráficas presentan la vida de Hilda Krüger, quien fue una espía nazi, así como la de Maximino Ávila Camacho, María Sabina o la actriz Lupe Vélez.
Otros más, en el tintero
En otros apartados se expone la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington, Juan Orol, Nahui Ollin, Agustín Lara, El Solitario y el boxeador Raúl Ratón Macías. Estos son sólo algunos de los personajes que figuran en el volumen que será presentado el 27 de enero en la Feria Internacional de Libro del Palacio de Minería.
Los ilustradores son Bachan, Édgar Clement, Patricio Betteo, Humberto Ramos, Francisco Herrera, Bef, Micro, Juanele, Sergio Tapia, Kabeza, Augusto Mora, Ricardo Cucamonga, Emy Hernández, Polo Jasso, Lencho, Ameizing Ameziane, Jorvan Van, Guffo y Mario Gonzáles.
Además de Raúl Valdés, Ulises Gorostieta, Jorge Mercado, Jorge Cavazos, Jorge Pinto, Zancker, JL Manzur, Óscar Pinto, Mauricio Caballero, Pepeto, Maritza Campos, Vic Hernández, Luis Eduardo Sopelana, Francisco Herrera y Luis Gantús.
Sobre Un mexicano en cada hijo te dio, Alberto Chimal escribe en el prólogo: Leyendo libros como éste se puede comprobar que recobrar el pasado no tiene que ser aburrido, y algo más importante: que la historia no es (como creen muchas personas) un conjunto de narraciones remotas, sin vínculo con el presente.
El volumen se divide en tres capítulos: Héroes extraviados, Villanos y otras linduras y Estrellas fugaces de México.
En el tintero se quedaron muchas más personalidades, puntualizó Haghenbeck, como la historia del vástago de Cortés, que fue un hijo de la fregada, o del equipo infantil de beisbol de Monterrey, integrado por niños pobres quienes tuvieron grandes logros en el diamante, pese a que carecían de zapatos.

viernes, 14 de noviembre de 2008

En defensa del periodismo cultural


El Universal Viernes

14 de noviembre de 2008


En 2007, el jurado del Premio Nacional de Periodismo concedió a Paco Ignacio Taibo I el galardón a la Trayectoria Periodística. A continuación reproducimos su discurso al recibirlo:
Es un alto honor recibir este Premio Nacional de Periodismo por trayectoria, hoy fuera de manos oficiales, sobre todo, por el hecho de que lo otorga un jurado de pares, compañeros de un noble oficio que hacen a un lado rivalidades y envidias posibles para reconocer a sus colegas. Me enorgullece pertenecer a este gremio y felicito desde el fondo de mi corazón a todos los premiados.
Empecé a ser periodista sobre un par de ruedas, como cronista de ciclismo en los años cincuenta y hoy, tanto tiempo después, como podrán ver, sigo sobre ellas. Tal vez un poco más cómodo y con un poco más de ayuda.
Permítanme una breve disquisición acerca del oficio periodístico y de su vertiente cultural, a la que he dedicado gran parte de mi vida y de la que no me arrepiento ni un ápice después de más de 60 años de ejercicio continuo.
Estoy convencido que el ser periodista no es más que convertirse en una extensión de los ojos que no están allí para ver, los oídos que no están allí para escuchar y en algunas honrosas ocasiones, en la voz de los que no pueden hablar tan alto como quisieran para ser escuchados.
Un oficio gratificante, sí, y en ocasiones terrible, porque ser la voz de otros te pone en la mira de los más oscuros intereses y en blanco del poder y sus acechanzas. Un oficio que paga mal y que en ocasiones se cobra con la propia vida como bien saben dos de las premiadas, que no están aquí para recibir nuestro homenaje: Teresa Bautista y Felicitas Martínez de la radio comunitaria de San Juan Copala, Oaxaca. Un oficio donde, si nos permitimos olvidar, estaremos condenados, una y otra vez a repetir el oprobio, la vergüenza y la desazón.
Un oficio en el que, si nos callamos una sola vez, nos quitarán para siempre la voz y la palabra. Un oficio en el que la única credencial válida es la propia palabra.
La moral, contra la siniestra lógica de un oscuro personaje de nuestro México, no es ese árbol que da moras. Es más bien, un almohada, no siempre mullida que nos permite dormir por las noches y dar de comer a nuestros hijos sin una pizca de remordimiento, haciendo lo que sabemos hacer. Ética significa no estar a la venta, estética es simplemente ponerse guapo a la hora de plantar la renuncia sobre la mesa.
Muchas generaciones de periodistas estuvieron a mi lado: algunos dicen que aprendieron mucho de mí y yo digo que todos los días aprendí algo de cada uno de ellos; mis hijos en broma me llamaron en alguna época “El Dr. Frankenstein” porque decían que creaba monstruos y luego no sabía que hacer con ellos.
Lo que puedo decir es que aprendimos juntos y que la escuela, la verdadera escuela de periodistas es la calle y la redacción, las noches en vela buscando las palabras correctas, las largas caminatas buscando información y las cientos de negativas a las que uno se enfrenta a lo largo de la vida.
Aprovecho hoy que tengo la voz y la palabra, y este público cautivo y generoso para exigir el regreso de las secciones culturales a nuestros periódicos, que avasallados por la televisión, la radio y el Internet, quieren parecerse a ellos sin saber que son únicos y especiales y que si acaso, sólo deben parecerse a si mismos.
Hoy, esas secciones culturales, o desaparecieron, con honrosas excepciones que marcan la tendencia, o están arrinconadas entre bodas, bautizos o espectáculos. Parece ser que la cultura no vende, o eso me dijeron. Y la cultura, lamento informarles, no está hecha para vender sino, acaso, para congraciarnos con el mundo, con la inteligencia, con lo mejor de nosotros mismos.
Sí no están allí las secciones culturales, ¿como sabremos quiénes son los jóvenes poetas?, ¿donde se estrenan las obras de incipientes dramaturgos?, ¿como es de bello el giro que hace en el aire esa pequeña bailarina que apenas comienza? Priva el escándalo, muy de boga en nuestro tiempo.
Para algunos siempre es más importante el saber cuanto cuesta el festival que lo que este significa para todos aquellos que puedan disfrutarlo. Los museos no existen a menos que un temblor los derrumbe desde sus cimientos. Los poetas no están presentes a menos que haya que escribir sus obituarios. Hoy, hay un nuevo género periodístico llamado transparencia, peticiones de información administrativa que ni a mí ni a los lectores nos están contando todo lo que verdaderamente queremos saber.
Me parece imprescindible que el acceso a la información sea expedito e irrestricto y que las instituciones den cuenta clara y puntual de sus actos y sus pagos. Pero también me parece imprescindible que los periodistas culturales cuenten lo que queremos todos que nos cuenten, que no es más que lo que ven, lo que escuchan, lo que viven. Hay que quitarnos de encima la carga de pertenecer a esa entelequia llamada “opinión pública” para empezar a preocuparnos de una vez por todas de “la opinión del público”, ese que está al otro lado de las páginas del diario queriendo saber todos los días más.
¿En que momento perdimos la brújula, el rumbo, la generosidad para ser los ojos, los oídos y a veces la voz de los más?
Abramos nuestras páginas a cronistas, críticos, moneros, observadores puntuales de nuestro acontecer cultural y creadores ellos mismos. Apostemos al caballo de la inteligencia y veámoslo correr, sólo hacia la meta.
Recibo este premio con enorme placer y lo comparto por merecimientos propios con Maricarmen, que siempre ha estado a mi lado, desde el inicio de los tiempos, desde que tengo memoria. Sigo sobre ruedas, viviendo la maravillosa vida que me toco vivir.
Para finalizar solamente, permítanme terminar con una frase de un gran amigo que me acompañó un largo trecho en esta aventura: El gato culto, que si estuviera aquí seguramente diría:
“LOS PREMIOS NO ME IMPORTAN, EXCEPTO CUANDO ME LOS DAN A MÍ”.

Muchas gracias.