lunes, 26 de septiembre de 2011

El Duende... cuento por entregas en Facebook


Este cuento se publicó, en varios posteos,  en el Muro de Diana Juarod en Facebook el 26 de septiembre de 2011.

Por Carlos Coronel Solìs 

Un duende quería llegar a una ciudad porque le habían dicho que todo allí era fantástico, que había máquinas que se movían impulsadas por menjurjes espesos, que las doncellas bonitas tomaban pócimas para conservarse siempre bellas, que los hombres decrépitos tomaban elixires para poder estar con esas doncellas...
En fin que el duende agarró camino hacia allá, pero como no tenía dinero para el pasaje, convirtió una hoja de chaya en una alfombra voladora como la de Aladino; durante el viaje había mucho sol porque la capa de ozono estaba siendo comida por las orugas que despedían los vehículos de sus escapes que eran de color ceniciento, así que tomó una gota de agua que había de una nube que pasaba por ahí y convirtió esa gotita en un parasol hepático diciendo, claro, unas cuantas palabras mágicas que por la velocidad de la alfombra nada más él oyó (el que te lo cuenta no pudo entenderlas), el duende se imaginaba todo aquello que no había visto y le parecía “superhipermegaarchirecontra” fantástico...
Así iba el duende, sobre una hoja de chaya reverde, como alfombra voladora o vehículo todo terreno, pensando en lo que adelante le esperaba y protegiéndose del sol a plomo con una gotita de agua, robada a una nube, transformada en parasol...
El duende estaba confuso porque en el viaje se le había caído la maldita dirección de la ciudad, ni siquiera podía recordar el nombre... diablos -los duendes invocan siempre al diablo como los seres humanos invocan siempre a Dios, y lo hacen como ellos, cuando tienen un problema-...
No sabía qué hacer y descendió de su hoja de chaya voladora y preguntó al primer animal que pasaba, que por cierto no era un animal cualquiera, era uno que caminaba en dos patas y no cantaba hermosamente como el colibrí, sino que emitía sonidos muy guturales, parecidos a su primo el mono, sólo que más diversos...
El duende se acercó a un viejo que parecía poner un espantapajaros en la milpa, y le preguntó si conocía el lugar “archirecontramaravilloso” donde las máquinas andaban solas, las mujeres nunca envejecían y los viejos se acostaban con ellas; luego de quitarse el sombrero, también viejo, y rascarse las manos pensativo, el viejo extendió su brazo muy vagamente, señalando hacía cualquier punto..
¿Conoce ese lugar? Al duende se le achicaron los ojos porque contrario a los humanos que cuando preguntan parecen salírseles los ojos, a ellos se les achican, como si estuvieran midiéndolo a uno (en el mundo de estos seres es siempre así, todo al revés)...
Sí, dijo el viejo impaciente, es allá, y de nuevo el brazo que parecía una rama seca se extendió hacia la nada o hacía cualquier punto. Bueno, el duende cansado de tanta vaguedad emprendió de nuevo el vuelo en su alfombra voladora, en busca de esa ciudad de mujeres eternas, viejos pederastas y coches que nunca paran.
(está claro que el viejo campesino era choco tabasqueño, porque cuando responden preguntas de ubicación, la vaguedad es norma; que el duende pasó por aquí, también es claro...)

domingo, 16 de enero de 2011

“Los siglos pasan, pero el barro resiste”

Gustavo Pérez es reconocido mundialmente. Desde 1991 es miembro de la Academia Internacional de la Cerámica. Algunas de sus piezas forman parte del acervo de museos de gran importancia, como el Carrillo Gil.






Juan Hernández | El Universal

Dice el curador Alfredo Núñez que el escritor Sergio Pitol afirmó que el ceramista Gustavo Pérez (México, D.F., 1950) “ha trabajado con la tierra dándole voz”. Una voz fuerte y contundente, que se expresa en piezas sobrias y elegantes que se pueden ver en la exposición que el artista presenta en la Bolsa Mexicana de Valores.
Inaugurada la noche del viernes, la muestra ofrece al espectador una perspectiva abarcadora del trabajo del artista, quien desde hace cuatro décadas se dedica a decantar el barro para obtener piezas que permiten el disfrute de la experiencia estética.
“La persistencia en su oficio lo ha convertido en un maestro que domina las texturas y continúa experimentando con las formas. Cada pieza es un cuerpo que contiene la libertad de un instante y traduce milenios de tradición alfarera”, asegura Núñez sobre el quehacer de Pérez.
Gustavo Pérez es reconocido mundialmente. Desde 1991 es miembro de la Academia Internacional de la Cerámica. Algunas de sus piezas forman parte del acervo de museos de gran importancia, como el Carrillo Gil, el de Arte Moderno de la Ciudad de México, el de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el de Arte de Querétaro, el de Arte de la Prefectura de Saga, Japón, el de la Fundación del Shigaraki Ceramic Cultural Park de Japón, Los ángeles County Museum of Art y el Ichon World Ceramic Center de Korea.
¿Cómo ocurre el encuentro del artista con la obra?-, le preguntamos a Gustavo Pérez.
En la práctica del oficio. En el trabajo mismo. Las técnicas de la cerámica son muy exigentes, amplias, difíciles de comprender y dominar; pareciera que son el medio para concretar las ideas que uno tiene en la mente, pero no es así, las ideas las encuentra uno en el trabajo, en el intento por comprender los aspectos técnicos, así es como se llegan a percibir las posibilidades del oficio.
Se trata de un oficio milenario.
Hay miles de años de historia. No hay arte más viejo que la cerámica. Si se encuentran vestigios de cualquier cultura, lo que hay es piedra y cerámica. El fierro se oxidó y desapareció, y no digamos la madera, las telas, todo eso el tiempo no lo respetó. ¿Qué quedó? Tepalcates. Aunque esté roto, el barro no se destruye. A veces hay piezas bien preservadas que tienen miles de años. Eso ha dependido, sin duda, del valor que se les haya atribuido a las piezas. Hasta qué punto fueron atesoradas, hasta qué punto alguien decidió: “Que esto no se rompa”. La cerámica es de una enorme fragilidad porque se puede romper en un instante o puede ser eterna. Los siglos pasan, el calor y la humedad no le hacen nada. Resiste.
¿Encontramos un poder simbólico en la cerámica?
Sin duda. La cerámica ha servido tanto para lo utilitario como para lo simbólico. Ambas han sido vertientes que se han desarrollado en barro.
¿En cuál de estas vertientes has trabajado?
En su origen en lo utilitario, pero en el desarrollo del trabajo en las posibilidades estéticas, plásticas, sin estar especialmente atento a la simbología. La simbología, lo que puede decir una forma, es una consecuencia del proceso creativo. Por eso a mí me interesa más el sentido plástico, el estético, el formal, que tratar de decir algo. Yo no quiero decir nada. El barro dice demasiadas cosas de todas maneras.
¿Hay algo en la producción de una pieza artística que escapa por completo a la voluntad del artista?
Supongo que sí y que nos pasa a todos. Esta mañana fui a ver la exposición de (José Clemente) Orozco en San Ildefonso, extraordinaria. ¿Qué quiso decir Orozco? Quién sabe. Ahí hay algo muy potente, pero no hace falta intentar desentrañar lo que él quiso decir al representar esta vida popular, con tanta violencia y enojo. Orozco estaba indignado con el mundo, con muy buenas razones, ya vemos hasta dónde va llegando el mundo. Pero lo que consigue decir con colores y formas no es un discurso demagógico, es una emoción, y es algo que en algunos momentos probablemente escapó de su control. Nosotros percibimos cosas que parece que él quiso decir, pero seguramente él no pensó decir eso. Y yo creo que a todos los artistas nos ocurre así.
¿El poder simbólico depende, entonces, de la interpretación de quien ve la obra de arte?
¡Claro! Es la interpretación la que hace esto, la que define la emoción. Nosotros no podemos decir que captamos lo que Chopin sintió al componer una de sus obras musicales. Es nuestra emoción la que está ahí, no la de él. Él hizo su música, era su juego, pero lo que percibimos nosotros es otra cosa.
Por eso el arte trasciende el tiempo y al artista.
Desde luego. Si el arte se limita a su tiempo no va a ir muy lejos. El arte que trasciende es el que cuestiona profundamente, el que incomoda, el que provoca en algún sentido.
¿Cuánto te ves reflejado en tus obras?
Es mi trabajo, hay un involucramiento muy fuerte que dura todo el tiempo hasta que la pieza sale del horno y ya se puede ir. El lazo que tengo se desvanece entonces y casi desaparece, ya no me interesa como me interesó en el proceso de la creación. Mientras estuvo en proceso me planteó un gran problema, me exigió definiciones, soluciones, no me podía desprender de eso. Pero cuando la obra sale del horno ya no hay nada más que hacer, se puede ir. Es como echarla al mundo.
¿Cuáles son las fuentes de las que te alimentas?
De la literatura, de la música, de la pintura, de la danza. También de cerámica, pero no en primer lugar.
Estudiaste matemáticas, ingeniería y filosofía, ¿qué te dejaron esos estudios?
Nada más una barnizadita de conocimientos, pero no hay una aplicación de matemáticas en mi trabajo. Hay geometría, sí, pero en el arte hay geometría en general. Estudié esas disciplinas porque no sabía que lo que quería hacer era cerámica.
¿Y cuándo lo supiste?
Tenía 21 años, estaba estudiando filosofía.
¿Cómo sabías que la cerámica era lo tuyo?
Se me impuso. La encontré en un taller y sentí algo que no había sentido antes. He tenido muchas curiosidades e intereses, pero nunca tuve esa certeza que cuarenta años de persistencia comprueban que era justa.
¿Cómo es tu relación con la tierra que a través de ti toma formas distintas?
A la tierra… la acaricio.
La exposición Gustavo Pérez. Cermista, permanecerá abierta al público durante enero y febrero, en la sede de la Bolsa Mexicana de Valores (Paseo de la Reforma 255, col. Cuauhtémoc), de 9 a 18:30 horas. Acceso libre.



Rescata libro 40 seres olvidados, que son más mexicanos que Frida Kahlo


Expone la vida y tragedias de El Jamaicón Villegas, El Chalequero,Lupe Vélez y María Sabina, entre otros. 
Las narraciones van acompañadas del trabajo de destacados ilustradores.


Ana Mónica Rodríguez
La Jornada

Cerca de 40 personajes que han sido olvidados o borrados de la historia nacional protagonizan el libro Un mexicano en cada hijo te dio, que como cómics presentan al lector atisbos humorísticos de sus vidas y tragedias.
El libro de FG Haghenbeck, editado por Santillana, es una aportación lúdica al aprendizaje y al conocimiento de héroes, villanos, deportistas, artistas, leyendas y estrellas fugaces, que han tenido en sus manos la posibilidad de influir, para bien o para mal, en la vida y cultura del país, pero que han sido borrados de la memoria colectiva, explicó el autor.
La serie de 40 narraciones acompañadas por igual número de ilustradores se inicia con la historia de Isabel Moctezuma, hija del emperador caído durante la conquista española. Los textos que sirvieron de base para la creación de estas viñetas fueron escritos por Haghenbeck tras una investigación que le tomó varios años.
Así, el novelista planteó otra forma de contar la historia y mostrar a aquellos personajes olvidados mediante el arte y el humor. El gran secreto de esta novela gráfica es la maravillosa calidad de los ilustradores, puntualizó Haghenbeck.
“Durante años seleccioné a aquellas personas que fueron relegadas o consideradas segundonas en la historia, que no habían sido reconocidos en su ámbito; pero, la gran sorpresa que me llevé durante la investigación, fue que personajes como El Jamaicón Villegas o la arqueóloga Eulalia Guzmán poseen más características del mexicano que Frida Kahlo o las esculturas del gran libertador Morelos, ésas donde aparece machete en mano.”
El novelista devela de manera cronológica que Isabel Moctezuma fue amante de Hernán Cortés, así como la vida de Teresa Urrea, conocida como la Santa de Cábora, o cómo se convirtió Jesús Malverde en santo de los narcos.
También se narra la forma en que se acuñó el término abogángster, qué luchador fue más famoso que El Santo; se aborda la historia de El héroe Nacozari, o si en verdad existió El Chalequero, el destripador de Peralvillo en la época porfirista.
Otras narraciones gráficas presentan la vida de Hilda Krüger, quien fue una espía nazi, así como la de Maximino Ávila Camacho, María Sabina o la actriz Lupe Vélez.
Otros más, en el tintero
En otros apartados se expone la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington, Juan Orol, Nahui Ollin, Agustín Lara, El Solitario y el boxeador Raúl Ratón Macías. Estos son sólo algunos de los personajes que figuran en el volumen que será presentado el 27 de enero en la Feria Internacional de Libro del Palacio de Minería.
Los ilustradores son Bachan, Édgar Clement, Patricio Betteo, Humberto Ramos, Francisco Herrera, Bef, Micro, Juanele, Sergio Tapia, Kabeza, Augusto Mora, Ricardo Cucamonga, Emy Hernández, Polo Jasso, Lencho, Ameizing Ameziane, Jorvan Van, Guffo y Mario Gonzáles.
Además de Raúl Valdés, Ulises Gorostieta, Jorge Mercado, Jorge Cavazos, Jorge Pinto, Zancker, JL Manzur, Óscar Pinto, Mauricio Caballero, Pepeto, Maritza Campos, Vic Hernández, Luis Eduardo Sopelana, Francisco Herrera y Luis Gantús.
Sobre Un mexicano en cada hijo te dio, Alberto Chimal escribe en el prólogo: Leyendo libros como éste se puede comprobar que recobrar el pasado no tiene que ser aburrido, y algo más importante: que la historia no es (como creen muchas personas) un conjunto de narraciones remotas, sin vínculo con el presente.
El volumen se divide en tres capítulos: Héroes extraviados, Villanos y otras linduras y Estrellas fugaces de México.
En el tintero se quedaron muchas más personalidades, puntualizó Haghenbeck, como la historia del vástago de Cortés, que fue un hijo de la fregada, o del equipo infantil de beisbol de Monterrey, integrado por niños pobres quienes tuvieron grandes logros en el diamante, pese a que carecían de zapatos.

viernes, 14 de noviembre de 2008

En defensa del periodismo cultural


El Universal Viernes

14 de noviembre de 2008


En 2007, el jurado del Premio Nacional de Periodismo concedió a Paco Ignacio Taibo I el galardón a la Trayectoria Periodística. A continuación reproducimos su discurso al recibirlo:
Es un alto honor recibir este Premio Nacional de Periodismo por trayectoria, hoy fuera de manos oficiales, sobre todo, por el hecho de que lo otorga un jurado de pares, compañeros de un noble oficio que hacen a un lado rivalidades y envidias posibles para reconocer a sus colegas. Me enorgullece pertenecer a este gremio y felicito desde el fondo de mi corazón a todos los premiados.
Empecé a ser periodista sobre un par de ruedas, como cronista de ciclismo en los años cincuenta y hoy, tanto tiempo después, como podrán ver, sigo sobre ellas. Tal vez un poco más cómodo y con un poco más de ayuda.
Permítanme una breve disquisición acerca del oficio periodístico y de su vertiente cultural, a la que he dedicado gran parte de mi vida y de la que no me arrepiento ni un ápice después de más de 60 años de ejercicio continuo.
Estoy convencido que el ser periodista no es más que convertirse en una extensión de los ojos que no están allí para ver, los oídos que no están allí para escuchar y en algunas honrosas ocasiones, en la voz de los que no pueden hablar tan alto como quisieran para ser escuchados.
Un oficio gratificante, sí, y en ocasiones terrible, porque ser la voz de otros te pone en la mira de los más oscuros intereses y en blanco del poder y sus acechanzas. Un oficio que paga mal y que en ocasiones se cobra con la propia vida como bien saben dos de las premiadas, que no están aquí para recibir nuestro homenaje: Teresa Bautista y Felicitas Martínez de la radio comunitaria de San Juan Copala, Oaxaca. Un oficio donde, si nos permitimos olvidar, estaremos condenados, una y otra vez a repetir el oprobio, la vergüenza y la desazón.
Un oficio en el que, si nos callamos una sola vez, nos quitarán para siempre la voz y la palabra. Un oficio en el que la única credencial válida es la propia palabra.
La moral, contra la siniestra lógica de un oscuro personaje de nuestro México, no es ese árbol que da moras. Es más bien, un almohada, no siempre mullida que nos permite dormir por las noches y dar de comer a nuestros hijos sin una pizca de remordimiento, haciendo lo que sabemos hacer. Ética significa no estar a la venta, estética es simplemente ponerse guapo a la hora de plantar la renuncia sobre la mesa.
Muchas generaciones de periodistas estuvieron a mi lado: algunos dicen que aprendieron mucho de mí y yo digo que todos los días aprendí algo de cada uno de ellos; mis hijos en broma me llamaron en alguna época “El Dr. Frankenstein” porque decían que creaba monstruos y luego no sabía que hacer con ellos.
Lo que puedo decir es que aprendimos juntos y que la escuela, la verdadera escuela de periodistas es la calle y la redacción, las noches en vela buscando las palabras correctas, las largas caminatas buscando información y las cientos de negativas a las que uno se enfrenta a lo largo de la vida.
Aprovecho hoy que tengo la voz y la palabra, y este público cautivo y generoso para exigir el regreso de las secciones culturales a nuestros periódicos, que avasallados por la televisión, la radio y el Internet, quieren parecerse a ellos sin saber que son únicos y especiales y que si acaso, sólo deben parecerse a si mismos.
Hoy, esas secciones culturales, o desaparecieron, con honrosas excepciones que marcan la tendencia, o están arrinconadas entre bodas, bautizos o espectáculos. Parece ser que la cultura no vende, o eso me dijeron. Y la cultura, lamento informarles, no está hecha para vender sino, acaso, para congraciarnos con el mundo, con la inteligencia, con lo mejor de nosotros mismos.
Sí no están allí las secciones culturales, ¿como sabremos quiénes son los jóvenes poetas?, ¿donde se estrenan las obras de incipientes dramaturgos?, ¿como es de bello el giro que hace en el aire esa pequeña bailarina que apenas comienza? Priva el escándalo, muy de boga en nuestro tiempo.
Para algunos siempre es más importante el saber cuanto cuesta el festival que lo que este significa para todos aquellos que puedan disfrutarlo. Los museos no existen a menos que un temblor los derrumbe desde sus cimientos. Los poetas no están presentes a menos que haya que escribir sus obituarios. Hoy, hay un nuevo género periodístico llamado transparencia, peticiones de información administrativa que ni a mí ni a los lectores nos están contando todo lo que verdaderamente queremos saber.
Me parece imprescindible que el acceso a la información sea expedito e irrestricto y que las instituciones den cuenta clara y puntual de sus actos y sus pagos. Pero también me parece imprescindible que los periodistas culturales cuenten lo que queremos todos que nos cuenten, que no es más que lo que ven, lo que escuchan, lo que viven. Hay que quitarnos de encima la carga de pertenecer a esa entelequia llamada “opinión pública” para empezar a preocuparnos de una vez por todas de “la opinión del público”, ese que está al otro lado de las páginas del diario queriendo saber todos los días más.
¿En que momento perdimos la brújula, el rumbo, la generosidad para ser los ojos, los oídos y a veces la voz de los más?
Abramos nuestras páginas a cronistas, críticos, moneros, observadores puntuales de nuestro acontecer cultural y creadores ellos mismos. Apostemos al caballo de la inteligencia y veámoslo correr, sólo hacia la meta.
Recibo este premio con enorme placer y lo comparto por merecimientos propios con Maricarmen, que siempre ha estado a mi lado, desde el inicio de los tiempos, desde que tengo memoria. Sigo sobre ruedas, viviendo la maravillosa vida que me toco vivir.
Para finalizar solamente, permítanme terminar con una frase de un gran amigo que me acompañó un largo trecho en esta aventura: El gato culto, que si estuviera aquí seguramente diría:
“LOS PREMIOS NO ME IMPORTAN, EXCEPTO CUANDO ME LOS DAN A MÍ”.

Muchas gracias.

miércoles, 30 de abril de 2008

La Importancia de Desarrollar la Inteligencia Emocional y Espiritual

Cuantas veces en la vida, te habrás dado cuenta de personas que conocías del colegio o en la universidad en que estudiaste, que considerabas brillantes, han logrado un éxito limitado, o sus vidas hoy son un desastre, porque han sido despedidos de sus trabajos en forma reiterativa, tienen conflictos laborales, malas relaciones con sus jefes o subalternos, problemas para trabajar en equipo, inestabilidad en sus relaciones personales, o les va bien en lo económico y mal en lo emocional, o simplemente se encuentran perdidos en la vida y llenos de insatisfacciones, lo cual te ha causado gran extrañeza ya que estas personas poseían un alto coeficiente intelectual.




La razón de ello es que estas personas tenían un alto coeficiente de Inteligencia Racional, pero les faltaba desarrollar la Inteligencia Emocional y Espiritual para lograr el “Éxito en la Vida”, cabe destacar que es muy importante definir que entendemos por éxito, quedando de manifiesto que lo más es aprender a saber vivir, ser inteligente en el tipo y calidad de vida que se tiene.

La experiencia y los numerosos estudios que existen demuestran que la inteligencia racional no es suficiente. Se requiere, de la inteligencia emocional para salir adelante y estar equilibrado en la vida.
Siendo la inteligencia emocional la capacidad de entender, de tomar conciencia, de manejar sus emociones, las de terceras personas, de tener empatía, tolerancia y en definitiva conocerse y tener seguridad en si mismo, y así tener el control de su vida.

Muchas personas hoy viven para trabajar y no al revés, volviéndose trabajólicos, lo que da como resultado un gran vacío interior y que a sus vidas le falta sentido, el sentido de porqué están vivos, mientras más cosas materiales logran, más vacío interior sienten.

Han proliferado los centros comerciales, las personas para llenar esos vacios, se compran cosas esperando que ellas les llenen y satisfagan, lo cual nunca ocurre o dura muy poco, entonces se cae en la trampa del consumismo y así y todo no sentirse feliz.

La mayoría de las personas no entienden lo que le pasa, porque saben que en general tienen todo para sentirse bien: un extraordinario éxito profesional y material.

Aparentemente, tienen inteligencia racional y emocional pero, quizá, le falte inteligencia espiritual para encontrar una mayor felicidad y sentido a la vida.
La Inteligencia Espiritual empieza a tomar cada vez más sentido especialmente en los negocios. Incluso prestigiosas universidades americanas ofrecen cursos de pregrado y postgrado de liderazgo y espiritualidad y de inteligencia espiritual.

La inteligencia espiritual es complementaria a la inteligencia emocional, llevando al ser humano a un plano más profundo.
Se requiere ser cada vez más conscientes de sus emociones, así como de su espíritu. No sólo bastará aprender a manejar sus emociones, sino que también aprender a desarrollar su espíritu en su actividad diaria, no transando los valores humanos, por una excesiva y mal entendida competitividad.

El ser humano en la sociedad actual hay perdido la noción y la importancia de que todos SOMOS una parte de un TODO, bastará que dañemos una parte para que se vea afectado el Todo.

Basta recordar, como eran cuando niños, que pasó con tu inocencia, tu frescura, tu flexibilidad, tu confianza en Dios, sin temores, sin miedo a hacer el ridículo, expresando tus afectos, ¿que te pasó?, ¿que te hizo cambiar tanto? y olvidar lo hermoso de tu corazón, la simpleza de la vida en los pequeños detalles, y te has ido transformando perdiendo la esperanza de vivir en un mundo especial.

Justamente, lo que se perdió, fue que perdiste la conciencia de ti mismo, del universo como un todo, dejaste de escucharte, de vivir, tus sueños, de expresar tus afectos, en definitiva dejaste de lado la Inteligencia Emocional y Espiritual, que te permiten entender que eres mucho más que un cuerpo, una mente y sus emociones, sino que somos seres espirituales viviendo experiencias humanas.

Las personas que desarrollan su Inteligencia Emocional y Espiritual, recargan permanentemente sus espíritus, practicando una disciplina de autoconocimiento, autoayuda y conexión superior, permitiéndoles mantenerse centrado frente a las diversos escenarios de aprendizaje que ofrece la vida.

La Inteligencia Espiritual, implica tener conciencia del prójimo y de mantener sano su espíritu en cada instante y en todas las actividades que desarrolla el ser humano a diario.
El ser humano en la sociedad actual se ha transformado en un energúmeno, en pro de una competencia desproporcionada y poco sana, olvidando conceptos básicos del desarrollo del espíritu tales como la compasión, armonía, tolerancia, aceptación, amor, felicidad y paz.

Aferrándose a cosas que cuando muera no podrá llevar a ninguna parte, habiendo perdido la oportunidad de aprender lo realmente valioso de la experiencia de estar vivos aquí y ahora.
Por lo tanto es de real importancia, que como SER HUMANO, con mayúsculas, aprendas a desarrollar tu Inteligencia Emocional y Espiritual, entendiendo que eres parte de un TODO y que si dañas a otros, te estás dañando tu mismo, ya que estarás practicando la ley de la atracción, la ley de acción y reacción o ley del karma.

En el plano espiritual Todo está conectado con Todo. El ser humano quiere cambiar el mundo y vivir en un mundo mejor, la forma de hacerlo es justamente desarrollando las Inteligencias Emocional y Espiritual, ya que con ello se acabarían los conflictos laborales, interpersonales, la competencia interna, las malas relaciones personales y familiares, entendiendo que cada ser humano en su trabajo cumple un rol de servicio a la humanidad y que obviamente es remunerado porque necesita satisfacer sus necesidades de vida.
El mundo será otro, ya que se acabará la pobreza extrema, las guerras y viviremos en paz y armonía.

El sendero para buscar y desarrollar las inteligencias emocional y espiritual, no se vende en las tirendas , requiere de dedicación, de práctica que en la medida que se avanza y que por cierto no es tan fácil, debido a que debemos desaprender muchos pre conceptos adquiridos, esta práctica es de un gran descubrimiento, lleno de emociones, satisfacciones de crecimiento y logros, que requiere mucha perseverancia, pero que sin lugar a dudas es el camino para alcanzar la felicidad, la armonía y el equilibrio en tu vida y con ello contribuirás a que tu mundo y el mundo que te rodea sea mejor de cómo lo encontraste.

Publicado por J. Carlos Fernández
en Buscadores de la Luz Yahoogroups
http://espanol.groups.yahoo.com/group/buscadoresdelaluz

Superar los obstáculos


Cuando no podemos visualizar nuestros deseos o cuando no logramos obtener estímulos de ellos, nos encontramos ante un obstáculo en nuestra motivación. Esto puede convertirse en un problema a la hora de iniciar una actividad_ "No puedo ponerme en marcha"-o bien una dificultad que nos impida o entorpezca el avance-"He perdido el interés"-Para estas dos situaciones podríamos encontrar unas causas bastantes frecuentes: el miedo y la confusión, en el primer caso; y el aburrimiento y la falta de resultados, en el segundo.

EL MIEDO:

Muchas veces, el miedo puede disuadirnos de emprender un nuevo rumbo. Sin embargo, el miedo no obedece a una falta de motivación sino todo lo contrario: las cosas que nos interesan mucho también nos dan mucho miedo por la posibilidad de que no resulten como las imaginábamos. Con todo, el simple sustitución de la frase "me da mucho miedo" por "me gustaría mucho" nos devuelve muchas veces las riendas de la situación y puede funcionar para salir de la inercia y ponernos en acción. Creo que el mejor consejo para enfrentar el miedo es aquel que ya he comentado alguna vez, y que se resumen en el título del libro de la psicóloga Susan Jeffers, "Aunque tenga miedo hágalo igual".


DESINTERÉS:

A veces la sensación de desconocer qué es lo que queremos toma la forma extrema del " no hay nada que me interese". Salvo en los casos de una profunda depresión, esto no es así. El desinterés generalizado es una dificultad de entrar en contacto con los propios deseos. Esta dificultad es, en la mayoria de los casos, una manera de evitarse el dolor que conlleva querer algo. Porque llegar a ese "algo" implica siempre un trabajo, aunque sea un trabajo con el que disfrutemos. Desear representa enfrentarse con la incertidumbre y el riesgo. Para evitarnos este riesgo, muchas veces terminamos eligiendo no querer nada, no elegir. Esta actitud nos evita dolor pero, inevitablemente, nos conduce a una vida pobre y gris.A


ABURRIMIENTO:

¿A quién no le ha ocurrido haber comenzado una actividad repleto de entusiasmo y energía para que, al cabo de un tiempo, se instalen gradualmente el aburrimiento y el desinterés?Es la sensación del "esto ya no es lo que era". Muchas veces, ésta es la evolución natural de las cosas, pues se convierten en lugares que ya no nos pertenecen o a los que nosotros ya no pertenecemos y de los cuales tendremos que saber retirarnos.Otras veces, en cambio, ocurre que espacios que todavía nos interesan a largo plazo, en lo inmediato no nmos motivan. Lo que sucede en este caso es que, en un principio, es suficiente con la novedad y el estímulo externo para generar la motivación, pero una vez que esto ha pasado, es necesario poner algo de nosotros mismos para enriquecerlo. Ninguna actividad, tarea, relación de pareja o vínculo emocional se sostiene si no ponemos de nuestra parte. Es necesario cuidar de ello y nutrirlo para que siga respondiendo a nuestros deseos y nos motive.


FALTA DE RESULTADOS:

Otra causa frecuente de desmotivación es la falta de obtención de resultados: "¿Para qué continuar, si no obtengo nada de ello?" La motivación proviene de la sensación de que estamos avanzando, y los pequeños logros son a veces necesarios para conseguir esa sensación. Pero creo que en estos casos el problema está en confundir la forma en que intentamos algo-el plan de acción-con el deseo o interés que la sustenta. Si las cosas salen mal, lo que deberíamos replantearnos quizá es el "cómo estamos buscando algo determinado, pero la dirección en que queremos dirigirnos-el "qué"-no debería depender del resultado. Siempre podemos cambiar de ruta, pero el rumbo es algo más profundo, que debe ser trazado a partir de nuestras emociones y no de las múltiples fuerzas de las que dependen el éxito o el fracaso.


Dr. Demián Bucay.